VERONA: SHAKESPEARE IN LOVE
Shakespeare me trajo hasta esta ciudad del norte de Italia: "¿Sabía yo lo que es el amor? Ojos jurad que no, porque nunca había visto una belleza así". En mis viajes he entendido que el amor se nos muestra de diferentes maneras. No todas habitan en el hombre o la mujer, a veces solo en su producto. Quien hizo a Verona debía ser un genio. No me extraña nada que mi admirado dramaturgo quedara prendado de Verona y la convirtiera en escenario de una de sus más famosas obras: Romeo y Julieta. Verona es una de las ciudades más conmovedoras que he podido recorrer, donde perderse es un placer. Patrimonio de la humanidad por la Unesco, cada una de sus calles esconden un secreto embriagador capaz de inspirarte. Todas desembocan en un antiguo foro romano, centro neurálgico de la ciudad: La pintoresca Piazza delle Erbe. Su arquitectura es muy elegante. Hacer un alto en el camino en esta plaza para probar la deliciosa gastronomía italiana es muy recomendable. En ella destacan la fuente de la Madonna Verona y la Torre Dei Lamberti. Con 84 metros es el principal mirador de la ciudad, construida entre los siglos XII y XV, aunque yo te recomiendo otro lugar para contemplar las mejores vistas de la ciudad: El mirador de Castel San Pietro. A él se llega dando un paseo asequible. Pica siempre hacia arriba, pero que merece muchísimo la pena. ¡Me hice con el típico gelato de Stracciatella para el camino! Una vez allí recuperé fuerzas, rellené la cantimplora que me regalaste con agua de la fuente y tomé increíbles fotografías panorámicas. Desde allí se puede observar el recorrido del río Adige, que atraviesa la majestuosa ciudad.
Verona tiene uno de esos espacios únicos en el mundo, capaz de dejarte con la boca abierta sin abrir la suya. El Arena Di Verona es un monumental anfiteatro romano en perfecto estado de conservación, con capacidad para más de 30.000 personas. Es el mayor tras el Coliseo de Roma, igual de fascinante. Apreciarás en él su mármol rosado, piedra típica en toda la ciudad. A día de hoy sigue albergando espectáculos culturales como obras de teatro o conciertos. Uno de los principales festivales de ópera del mundo tiene lugar aquí, en los meses de verano, con más de 100 años a sus espaldas. Fue absolutamente emocionante. No pude evitar interpretar la famosa escena de la película Gladiator: "Me llamo Máximo Décimo Meridio..." ¡Vida! Y sonó Hans Zimmer.
En la casa de Julieta sentí vértigo. Recordé todas esas noches juntos, calentando nuestros fríos cuerpos, conversando, dando motivos a nuestras cansadas mentes para seguir creyendo en el amor. Recordé a una velocidad tan alta que me produjo mareo. Fue instantes después de que mi compañero de viaje Miguel Ángel me tomara la fotografía. Dibujaba un corazón con mis dedos delante de un muro plagado de mensajes de amor, en la entrada al palacio medieval de los Capuleto. Me hubiera gustado escribirte algo más, Eme, pero aun dolía tu desaparición. Sentí nostalgia, aún así, no podía dejar de visitar este lugar emblemático de atmósfera romántica, lugar de paso obligado para todos los visitantes, da igual su estado emocional. Cuando atraviesas la entrada plagada de turistas te topas con una estatua de bronce, de bello acabado. Esta bella Julieta es obra de Nero Costantini. Dice la leyenda, que si le tocas un seno regresas a Verona o encuentras el amor verdadero. ¡Ojalá ambas cosas! Coronando la escenografía se alza el famoso balcón de Julieta, al que, según la historia, Romeo trepó hasta los labios de su amada. Qué curioso, todos los turistas salíamos con las manos desgastadas. Soñamos despiertos con sentir algo parecido a lo que sentían los personajes de Shakespeare, pero con mejor final.




















