CELEBRANDO PARÍS

Por mi último cumpleaños me regalé 48 horas de nouvelle vague con mi mejor amiga, saltando a la certeza de la estética, de la belleza revelada por la luz, reflejada en el Sena. Donde el tiempo pasa pero no de cualquier manera entre el arte, aunque no sepas reconocerlo a primera vista. Porque tú no haces París, París te hace a ti. Es su regalo


Día 1:

Llegamos al aeropuerto Charles de Gaulle, y el autobús nos deja tras una hora de trayecto en Nation por 2,50 €. Para mi tercera vez en París opto por un alojamiento alejado del bullicio, el Hôtel Du Printemps, en el Boulevard de Picpus, Bercy - 12º distrito. 62,75 € la noche. ¿Con sed? Pues Champagne Nicolas Feuillate para comenzar.

2,10 € ticket sencillo de metro. Nos escupe en Montmartre: el hogar de las lilas muertas, donde hay que estar dispuesto para cualquier cosa que pueda suceder. El muro de los te quiero en obras, un carrusel sin niños, Sacre Coeur es el ojo de Sauron desde 1875. Los bohemios han sido sustituidos por senegaleses. Los molinos ya no giran. Cae una lluvia fina sobre los lienzos de Place Du Tertre, donde los retratistas y los gatos son patrimonio del barrio. El arte está en la calle y se piensa en los cafés, aunque los cristales empañados de The Beans On Fire no dejan ver al otro lado. Emily y Amélie conversan, quizá.  

La cena en el mejor italiano de París, Pink Mamma. La fila en rue de Douai no deja lugar a dudas. Decoración sofisticada y productos riquísimos, de primera calidad. Recomendable su pizza con variedad de quesos franceses, la pasta trufada y de postre la Crème Brûlée XL.

Cae la noche y Nuria y yo somos dos estrellas, Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg paseando por los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo, iluminados especialmente por Navidad. Midnight, remontamos el río buscando el presente. 






Día 2: 

Un sol pleno nos tira de las orejas. Subimos 280 metros para tener una perspectiva inmejorable de la ciudad desde la icónica Torre Eiffel. No es un lujo, es una necesidad. En las inmediaciones el photoshoot de rigor: Rue de l'Université, Champ Du Mars, Trocadero... Siéntete como Jane Birkin con el outfit ideal.

Un crepe que no llega, un restaurante cualquiera, y volvemos a contar pasos. Puente Alexandre III, Musée d'Orsay, Louvre... Van más de 10.000 cuando se desenvuelve una nueva sorpresa. El frío del invierno deja los mejores atardeceres sobre el cielo parisino, de colores rojizos vívidos. Nos mezclamos en la paleta y damos gracias a la baja humedad y al aire limpio, especialmente después de la lluvia del día anterior. Las nubes ayudan, son proyectores y hacen la puesta más deslumbrante y sostenida. 

Parada técnica para comprar y degustar Macarons en Maison Ladurée. Con el azúcar inyectado visitamos las Galeries Lafayette, donde los escaparates son un atractivo más en la ciudad en estas fechas.

Plaza de los Vosgos nº24, en el Serpent A Plume soplamos velas y brindamos por otro 22 de noviembre, mientras un cuarteto toca música Jazz y varias parejas bailan buscando un beso de cine entre vuelta y vuelta. Una atmósfera embriagadora con trabajadores corteses y fantásticamente vestidos gracias a Palomo Spain.






Día 3:

El desayuno merecido en la terraza del Cafe de Flore, en el 172 del boulevard St Germain. Un Croissant tradicional delicioso acompañado de un chocolate caliente. Como a mí me gusta: crujiente, exterior glaseado, con un interior mantecoso que deja tus dedos para chupar. Es todo lo que debes pedir a un buen Croisstant. De película.

Dejamos Notre Dame a la izquierda y entramos en Shakespeare & Co, de las páginas a tus brazos. Librería independiente de culto, con joyas en cada estantería. Café y galleta de Té Matcha el Jozi Café antes de las últimas horas de este viaje. En los Jardines de Luxemburgo siempre hay una silla verde libre y una mirada perdida. Aquí cabe un picnic completo: baguette (en SAS boulangerie moderne Rabineau), vino francés (en The cellars of the Pantheon), queso Camembert, Roquefort, Boursin, Chavroux… (en Fromagerie Laurent Dubois), y de postre, cómo no, más macarons, esta vez de Pierre Hermé o Sadaharu Aoki. 

Y al final de la gran escapada confirmas que la vida parisina es una filosofía que merece la pena celebrar.