UN RECORRIDO POR LA COSTA VASCA: VIZCAYA


¡Continúo con la segunda parte de mi viaje por la fascinante costa vasca! Partí temprano, con la niebla posándose sobre la carretera, dejando caer las gotas de lluvia sobre la luna del coche. Me aventuré sin apresurarme, disfrutando del paisaje norteño que ofrece la carretera GI - 638 rumbo al pequeño pero bello pueblo de Mutriku. Allí, los Dioses viajeros me dan una tregua, y dejan pasar los primeros rayos del sol del día, coloreando el hermoso puerto de esta localidad, donde dejo aparcado el coche gratis para disfrutar de las bondades de este sitio. Mutriku es un pueblo pesquero de 5000 habitantes, está al límite con Vizcaya, y su tradición marinera y la buena conservación del casco urbano hacen de la localidad un destino turístico apetecible, a lo que hay que unir sus playas y sus piscinas naturales de agua salada.







Tras pasear por la zona portuaria y el rompe olas de Mutriku, adiós a Guipúzcoa y me adentro en el territorio de Vizcaya. Me subo en el coche y transito la sinuosa  BI – 3438. Espera un recorrido mágico teñido de verde. Dejando Lekeitio para la siguiente ocasión, debido al poco tiempo del que disponía, tomé la  BI – 2238, dejando atrás Guernica, cuyo bombardeo por parte del ejército Nazi pasó a las páginas más tristes de la historia de España. Decidí hacer una breve parada en la meca del surf europeo, Mundaka, antes de llegar a Bermeo, con 1 hora y 15 minutos de viaje desde Mutriku. En Bermeo hice un alto en el camino para comer antes de proseguir. Bermeo puede resultar a priori algo caro, y aparcar no será sencillo. Dispone de varias opciones de restauración, pero yo no elegí la adecuada. Si quieres comer en la zona portuaria, lo más seguro es que suba un poco el precio por comensal. Merece la pena detenerse a comparar. Bermeo es un sitio estratégico para afrontar el siguiente destino, y uno de los más esperados del viaje.

Tras coger fuerzas, atravesé la BI – 631 para plantarme en media hora en San Juan de Gaztelugatxe. Es hora de explorar uno de los territorios más increíbles de la costa vasca. Si te acercas en coche tienes varios sitios de aparcamiento gratuito habilitado. Yo llegué después de comer y tuve bastante suerte. Otros viajeros dejaban el coche en las cunetas, sin peligro aparente de multa. La cantidad de viajeros ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos, sobre todo tras el rodaje de la serie de fama mundial Game Of Thrones. La ermita de San Juan Bautista fue sustituida digitalmente por el castillo de Rocadragón de Juego de Tronos, abandonado por Stannis Baratheon y ocupado por la Madre de Dragones en la séptima temporada. Si no eres seguidora de la serie, acabas de leer chino. Es hora de sentirte un personaje de carne y hueso. Equípate con un buen calzado, pues para llegar a la Ermita te tocará andar un poco. Hay tramos asfaltados, y tramos de arena en algunos senderos. Después de descender algunos metros llegarás al pie de San Juan de Gaztelugatxe, y te tocará afrontar los 241 escalones que conducen a la cima.  Siente el viento en tu cara, bebe agua de la fuente que encontrarás, y después… ¡coge aliento y prepara tus cuádriceps! Recomiendo que te lo tomes con calma y vayas a tu ritmo, para incluso disfrutar del duro ascenso. Cuando finalices la subida asómbrate con la recompensa. Estás en uno de los sitios más maravillosos del mundo. Allí no olvides la leyenda: debes tocar la campana de la Ermita tres veces y pedir un deseo. ¡El mío aún no se ha cumplido! ¿Será verdad lo que dictan las profecías? En mi caso lo veo complicado. Desde esa altitud podrás deleitarte con vistas magníficas: acantilados, túneles y arcos rocosos, enfrentados al oleaje del Cantábrico. La magia del lugar te atrapa, estás ante parajes de salvaje naturaleza y no podrás abandonar fácilmente el lugar. Tras fotografiar el momento para la posteridad, prepara de nuevo tus piernas, toca regresar al coche. A mí la vuelta se me hizo más dura (tomé el camino más largo) pero la cerveza fría que bebí al culminar fue una de las que mejor me supo en mi vida. 









Entre el mar y las montañas vizcaínas llegarás a Bilbao, final de trayecto. Bilbao es una ciudad ancestral, y es una de mis favoritas. Siempre que vengo con mi coche elijo el hotel Ripa, frente a la ría, situado muy céntrico y con aparcamiento privado para sus huéspedes. Desde aquí podrás llegar al casco viejo en tres minutos. Bilbao dejó de ser meramente una ciudad  de tradición industrial para ofrecer con el paso de los años una  cara renovada, más contemporánea a través de la inversión cultural, convirtiéndola en una ciudad más moderna y de progreso. Y es que el arte lo cambia todo. Su paisaje urbano cambió radicalmente con la construcción del museo Guggenheim, frente a la ría de Nervión, que atraviesa la ciudad. El Museo Guggenheim Bilbao es obra del arquitecto estadounidense Frank Gehry y representa un magnífico ejemplo de la arquitectura más vanguardista del siglo XX. Con 24.000 m2 de superficie, de los que 11.000 están destinados a espacio expositivo, el edificio representa un hito arquitectónico por su audaz configuración y su diseño innovador, conformando un seductor telón de fondo para el arte que en él se exhibe. Es uno de los museos de arte moderno más famosos del mundo, y este año 2017 celebra su XX aniversario. La entrada cuesta un máximo de 16 euros y existen descuentos para algunos colectivos. La visita es totalmente obligatoria, y la foto con el perro floral de Jeff Koons “Puppy”, también. Otra propuesta cultural en Bilbao es el festival de música BBK Live que se lleva celebrando desde el año 2006 durante el mes de Julio. Kobetamendi es el actual hogar de este festival de pop – rock, referencia internacional, y uno de los mejor organizados en los que he estado. Como en todo el País Vasco, la gastronomía es un aliciente más en Bilbao. Particularmente debo decir que como en Bilbao no he comido en ninguna otra parte. Lo prometo. Sus pintxos son manjar de Dioses. Encontrarás mucha variedad de establecimientos, pero si quieres algunas recomendaciones echa un vistazo a los 9 mejores bares de pintxos de la ciudad














¡Zorionak! Ha sido una travesía increíble. Nada mejor para despedirme de la increíble Euskadi que un brindis, por nosotros, los viajeros atrevidos. Este lugar me ha dejado un buen sabor de boca, y el alma llena. Espero repetir en un futuro próximo, quién sabe si a tu lado, y volver a acercarme a esta hermosa tierra y sus cercanas gentes. Eskerrik asko por todo.

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