LOS SECRETOS DEL NORTE DE POLONIA


Durante una semana, lejos de las grandes urbes, sentí amor en el abrazo sincero del norte de Polonia, en el Voivodato de Pomerania, a los pies del Mar Báltico. Vi llover como hace tiempo que no veía llover, y dejé que me empapara. No lo tomes como un lavatorio, para eso ya tengo a mis lágrimas. Encontré pureza, un refugio inesperado donde alcanzar la paz conmigo mismo, y de paso, reconciliarme con el mundo, lejos de excentricidades y masificaciones. Una salvación del individuo, con barro en las deportivas. Esto me recordó a Walden, Thoreau, la vida simple, sencilla, barata, con savia en la planta, resina en el tronco y rocío al alba. Encontré felicidad donde menos lo esperaba, una espléndida soledad, mientras disfrutaba de la hospitalidad que me ofreció la familia Kędziora en su casa de campo de Lubowidz, un pueblo de algo más de 1.000 habitantes rodeado de lagos, animales, bosques inmensos de pino, cauces de ríos y caminos sin trazar. Lejos de contaminación lumínica, donde las estrellas se adueñan de la bóveda en la noche ofreciendo un espectáculo increíble. Este panorama sabe más de sanar cicatrices que los doctores. Los habitantes de Lubowidz construyen en este idílico entorno un hogar real, con calma, sin vallas, utilizando la madera como materia prima principal, alejados de la vida rápida. Crían sus animales y trabajan la tierra para que de sus frutos. El petricor casi no existe, porque los suelos raramente están secos. La madera se recoge para hacer fuego y cocinar la carne o calentarse, y se deja secar al menos dos años.








A 2 kilómetros de Lubowidz llegué a Lębork, una ciudad de 34.000 habitantes que fue golpeada brutalmente por las tropas alemanas durante la 2ª guerra mundial. Los edificios históricos se convirtieron en escombros, permaneciendo en pie intacta únicamente una farmacia propiedad de un alemán, en la antigua plaza mayor, la actual plaza llamada Plac Pokoju. Lębork es una ciudad medieval cuyo origen está vinculado a la Orden Teutónica. Los símbolos de Lębork son las murallas y los torreones del siglo XIV y la iglesia gótica de Santiago. En los últimos años Lębork se ha convertido en una ciudad muy interesante por lo que los turistas la visitan cada vez más a menudo. La ruta principal del paseo por Lębork es la representativa y pictórica calle Staromiejska, con edificios eclécticos del siglo XIX y XX. Aquí hay numerosas tiendas, cafés y restaurantes.



Siguiendo la carretera 6 dirección este, me dispuse a visitar las principales ciudades del norte de Polonia, situadas muy próximas entre sí, en el litoral Báltico: Gdynia, Sopot y Gdansk. La primera parada fue Gdynia. Gdynia era un pueblo de pescadores, pero posteriormente se convirtió en una plaza portuaria de referencia en la costa polaca, desde la que operan la mayoría de los ferris que enlazan con las ciudades bálticas escandinavas. Su atractivo se concentra en el puerto antiguo, lugar muy visitado por los polacos en verano, en el que permanecen atracados dos barcos-museo que pueden visitarse: el acorazado ‘Blyskawica’ que sirvió en la II Guerra Mundial yendo hasta las costas de Normandía, y el velero ‘Dar Pomorza’, que fue buque escuela de la Marina Polaca hasta 1981. Encontré un paseo marítimo con mucho encanto y restaurantes. En uno de ellos probé un plato muy típico en Polonia: Los Pierogi. Una pasta tipo empanadilla que está rellena de queso, diferentes tipos de carne, cebolla, puré de patata, cebolla, arroz o huevo duro. Se pueden preparar horneados, cocidos o gratinados con mozarella. Se suelen acompañar de diferentes salsas: tomate, champiñones o picante son las más habituales. El Pierogi Ruskie fue mi elección: Relleno de queso, patata, cebolla y carne de cerdo. Y para completar la jugada con un postre: helado de caramelo salado.






15 minutos en coche separan Gdynia de Sopot. Sopot acoge un gran número de visitantes en verano, en busca de sus playas y su ambiente. Sopot es una ciudad más moderna que las anteriores. Pude comprobarlo observando los edificios de la arteria principal, llamada Montecassino. Este concurrido paseo peatonal empieza en la iglesia neogótica de St. George, y continúa más allá de tierra firme adentrándose 500 metros en el mar, con un muelle de madera al que llaman El Molo, cuyo acceso es de pago. Es el más largo de Europa, y hace las veces de paseo marítimo, desde el que pude ver diferentes embarcaciones atracadas, las playas a orillas del poco salado mar Báltico, o el Grand Hotel, que ha tenido huéspedes muy famosos, como Adolf Hitler, Fidel Castro, Alfonso XIII, Vladimir Putin, Marlena Dietrich, Greta Garbo o Omar Sharif, entre otros. En Sopot también encontré los negocios del ámbar –el oro del Báltico–, esa preciada resina fosilizada que se usaba antiguamente como moneda de cambio y que ahora se utiliza para la elaboración de joyas y figuras decorativas. Souvenir típico polaco. Te he comprado uno.








Más allá me esperaba la bella Gdansk, la joya de Polonia, la sexta ciudad más poblada del país, antigua ciudad libre de Danzig, lugar de nacimiento de célebres literatos como Günter Grass o Arthur Schopenhauer, y también lugar de nacimiento de la 2ª guerra mundial. 4.45 horas de la madrugada del 1 de septiembre de 1939. El acorazado alemán Schleswig-Holstein atacó el puesto militar polaco que defendía la desembocadura del río Vístula y el acceso a la ciudad de Gdansk. En 1945 la ciudad fue liberada por el ejercito soviético. En 1949 inició su brillante reconstrucción hasta convertirse en la ciudad de luz que es hoy en día, y que acoge a miles de visitantes durante todo el año. Llegué al corazón de Gdansk, Ulica Dluga, al que llaman Camino Real porque era el recorrido que hacían los reyes polacos cuando llegaban a la ciudad. Allí vi edificios históricos, el ayuntamiento, iglesias, museos y las casas de los ricos mercaderes de los tiempos Hanseáticos. Todo reconstruido minuciosamente según pinturas de la época. El Camino Real acaba en la plaza Dlugi Targ (Mercado Largo), repleta de cervecerías con terraza y puestos de souvenirs, que preside la fuente de Neptuno, símbolo de la ciudad. Llego a los muelles del río Motlawa. Paso por delante de un inmenso montacargas portuario que servía, entre otras cosas, para subir los mástiles de los barcos o para remolcar grandes navíos. Se remonta a 1450, cuando se construyó totalmente en madera, y era el mayor de Europa. Ahora es un impresionante edificio que acoge una parte del museo marítimo. Para tener una perspectiva diferente de Gdansk, me subí a bordo de un barco con servicio de bar llamado "La Perla negra", donde me sentí el capitán Jack Sparrow, para navegar por el río y hacer un recorrido por los astilleros de la ciudad. Como colofón, para tener unas vistas estupendas de Gdansk, subí a la torre de la basílica de Santa María, considerada la iglesia de ladrillo más grande del Europa, para ver con detalle (tras pagar un precio asumible) el gran entramado de tejados rojizos y contiguos que conforma la ciudad.












Mi semana en el norte de Polonia se completó con dos destinos asombrosos, que me imantaron por completo, cada uno por razones diferentes: Łeba y Szymbark.

Entre Łeba y Rowy se encuentra el increíble Parque nacional de Słowiński, situado en la costa del Mar Báltico. Un lugar que me dejó con la boca abierta, uno de los lugares más hermosos que he pisado jamás. Las fotografías no hacen justicia a su belleza. Reserva de la Biosfera según la UNESCO. En él encontré una diversidad natural alucinante: 7 ríos atraviesan un parque compuesto principalmente por bosques de pino, que recorrí en bicicleta (se puede recorrer también andando, en barco o en carrito), humedales, lagos con bahía, dunas móviles de hasta 30 metros que te hacen sentir en el desierto, y 32 kilómetros de costa de arena blanca, de la que no quema, que besa el mar. Increíbles vistas. Como los árboles, yo también quiero crecer hasta salirme de la tierra, y en sitios como éste me siento en la dirección adecuada. No existe en Europa un lugar igual. Ojalá pudieras conocerlo, te emocionaría tanto como a mí.











¿Qué tiene de especial la pequeña villa de Szymbark, más allá de su majestuosa naturaleza? Viajé al singular Centro de Educación y Promoción de la Región de Kaszuby, también al norte de Polonia. Esta región dispone de su propia cultura, tradiciones e idioma. Este centro de interpretación se convierte en un museo al aire libre, un parque educacional en el que conocí muchos secretos e historia polaca. Entre las cosas que más me impactaron están: Stół Noblisty, la mesa de madera más larga del mundo con 36,82 metros. El mayor piano medido del mundo, con 6,06 metros de longitud, 2,52 metros de anchura y 1,87 metros de altura. Una casa traída de Siberia, y reconstruida exactamente igual que estaba en Rusia, donde vivieron polacos en condiciones extremas. Un Búnker como los de los polacos que se escondieron bajo tierra en tiempos de guerra durante la ocupación comunista. Y sobre todas las cosas, la casa al revés, el principal atractivo del parque. El filántropo Daniel Czapiewski diseñó una casa al revés que pretendía ser una crítica del comunismo y de los valores de algunos países del ex bloque comunista. 114 días hicieron falta para terminar este singular hogar, que es Record Guiness, y que se puede visitar por dentro, aunque la desorientación, el vértigo, incluso el mareo, estarán presentes durante tu recorrido. Una experiencia sensorial única.










Polonia es un país al que se le conoce en todo el mundo tristemente por los estragos acaecidos a raíz de la segunda guerra mundial, pero Polonia es mucho más que la huella de otros, y la región de Pomerania es un claro ejemplo. Polonia ya existía, y ha sabido reconstruirse con tesón, lograr que sobrevivan milenios de su propia historia, enterrando clichés y prejuicios, forjando una personalidad única, con agradables gentes y naturaleza inmensa.

Mejor época: La mejor época para visitar Polonia es en verano, cuando el clima concede una tregua para poder disfrutar a pie, bicicleta o kayak de sus maravillas, sin congelarte un ápice.

Moneda oficial: Złoty. 1 Złoty equivale a 0,23 Euros.

Horario comercial: los establecimientos suelen estar abiertos todos los días, incluidos domingos, pero normalmente cierran a partir de las 17 horas de la tarde.

Palabras claves: Witam = Bienvenido. Dzień dobry = Buenos días. Dziękuję = Gracias. Proszę = Por favor.

Un libro que leí: "El tambor de hojalata", de  Günter Grass, se ambienta en Gdansk. También se hizo una película basada en el libro, que ganó en 1979 la Palma de Oro en Cannes, y el Oscar a la mejor película extranjera.

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