¿POR QUÉ VIAJO Y LO PUBLICO?
Lord Byron, que como bien es sabido era consumado viajero, escribió en una ocasión: “cuando el hombre cesa de crear, deja de existir”. Sobre esta cita edifico la respuesta a la pregunta que me hiciste en una ocasión: ¿por qué viajas tanto y publicas tus viajes en redes sociales?
El principal motivo por el cual viajo es existir, porque cada vez que doy un paso se crea una nueva experiencia que me hace crecer, que me conduce al aprendizaje, a la satisfacción, a la autorrealización, y por tanto, a la felicidad. ¿No es esta, por tanto, la forma más adecuada de vivir?
¿Y los que no se mueven? ¿Dejan de existir? No materialmente (la mayoría de los casos), pero sí espiritualmente, al menos eso pensamos Lord Byron y yo. Cuanto más amplio es tu punto de mira más y mejor serás capaz de entender de tu realidad más cercana, más apreciarás y más respetarás. El que no se mueve consume su alma. O te vas por ahí o te evaporas.
Al viajar, creas, y por tanto, existes.
No viajo por presumir, eso seguro. No lo hago por los likes, ni por coleccionar países como cromos como si fuera un challenge tonto. No me gano la vida como viajero, pero gano vida como viajero. No me considero #travelblogger, aunque uso esta etiqueta como herramienta en la red, eso me ha acercado a personas con mi misma pasión y me ha permitido conocerlas, mientras me abrían puertas a otros bellos destinos ocultos al pensamiento. Personas que como yo viajan, crean experiencias y las comparten. Íntimo, pero a la vez, en los ojos de todos. Creo en la felicidad compartida, en la sinergia y en su poder transformador.
No es mi trabajo, no soy una marca, las marcas las busco dentro de mí, en eso sí soy un profesional. Cada vez que viajo lo hago gracias al dinero que gano como fisioterapeuta tratando a los demás (otra forma de acumular experiencias). Invierto prácticamente todo en alojamientos, transportes, guías, comida o bebida.
Lo hago por puro placer, tengo facilidad para inducirme hacia él. La energía contagiosa, el impulso motivador, la construcción personal procedente de una particular peregrinación por caminos trazados o a través de unos nuevos, a lo Childe Harold.
Hace tiempo que dejé aquello de "ya llegará el momento". Sé que ahora es siempre el mejor momento, porque había dejado pasar muchos años de mi vida, y veo con envidia sana cómo personas con las mismas posibilidades económicas que yo empiezan cada vez más temprano su particular itinerario. Supongo que cuando era más joven tuve miedo, o que me afinqué en la comodidad, y ninguna de esas dos cosas me conducirían nunca a ningún sitio que mereciera la pena. También esperaba equilibrio presupuestario, con total seguridad, mientras conjugo la suerte con el tiempo.
No sé si algún día me animaré a recopilar mis aventuras en un libro. Si lo hago no será principalmente para dejar testimonio a quienes alguna vez dudaron de seguir sus caminos. Irá dirigido a alguien que en algún lugar de este planeta con sus problemas se muestra con pesadumbre ante su propia existencia, cuando quizás, aún no ha empezado vivir nada, cuando quizás se llame así mismo de manera equivocada feliz.
Y no lo negaré, veo un poso de romanticismo en todo esto, porque viajar se suele hacer con los sentimientos exaltados y volcados, y de si algo no vamos sobrados en este planeta es de amor. ¿Qué hay de malo en hacer el amor y compartirlo? Parece que molesta. La envidia (mala) que puedan sentir otros no es culpa tuya. Tú, al fin y al cabo, deberías hacer lo que quieres.



