TANZANIA: EL SAFARI DE TU VIDA
Safari es una palabra swahili o suajili, idioma de África, que deriva del árabe “safar”, y que puede traducirse como “viaje”. Tanzania es el gran safari africano. El norte del país, con sus tierras volcánicas y la llanura del Serengeti, salpicado por los lagos Natron y Manyara y culminado por el Kilimanjaro, es un destino deseado desde hace siglos por aventureros de todo el mundo, que demuestran por este territorio una atracción nada artificial.
Tanzania es pura vida brotando equilibrada. Auténtica, instintiva, animal, libre, salvaje, ingobernable. Vida rica, verdaderamente rica, una riqueza que nada tiene que ver con la de los países del mal llamado "primer mundo". Piénsalo, ¿quién es el pobre, el que menos tiene o el que más necesita? Los Masáis solo necesitan al dios de la naturaleza y convivir en armonía con el entorno para ser felices. Tanzania es un punto de encuentro para viajeros de todo el mundo que adoran profundamente al mismo dios que los Masáis. No es un viaje más, quien lo realiza con el alma abierta y dispuesta sufre un potente cambio en la manera de analizar el mundo que nos rodea, y se llena de amor y respeto.
La expedición de mi grupo comienza en el Ameg Lodge Kilimanjaro, tras una noche cálida y un desayuno reconfortante con rica fruta. Ponemos los pies en la ruta de Marangu, que fue la primera ruta abierta para ascender a la cima del Kilimanjaro, la montaña más alta del continente africano. Empezamos a subir en la mañana, desde 1879 metros, atravesando los bosques lluviosos de las faldas del Kilimanjaro, custodiados por monos azules que silenciosos se pasean por las ramas y se dejan fotografiar muy de cerca. 8 kilómetros hasta llegar al primer campamento base, a 2720 metros, donde el día despejado nos deja disfrutar de la comida al aire libre. Llegar hasta la cumbre (5895 metros) nos llevaría 4 días más. Posponemos la hazaña para la siguiente ocasión y afrontamos el descenso, de 3 horas.
7:30 horas. Dejamos atrás Moshi en jeep para llegar al Parque Nacional de Tarangire, donde se encuentra una de las mayores poblaciones de elefantes de Tanzania. Este es el lugar perfecto para escuchar los sonidos de estos majestuosos gigantes grisáceos, que avanzan en grandes grupos familiares paseando por los florecientes paisajes. Tarangire también es conocido como “el pequeño Serengeti”. En estas amplias y despejadas llanuras de pasto numerosos árboles baobab hacen gala de su belleza con su gigantesco tronco hueco. Son el símbolo de Tarangire junto al paquidermo.
Unas tímidas gotas alegran al arcoiris al atardecer, y sirve de fondo idílico para la migración desplegándose ante nuestros ojos vidriosos: ñús, búfalos, cebras, antílopes, aves... Se abren camino protegiéndose unos a otros en busca de sustento. Somos testigos de tan especial momento.
Con las pulsaciones disparadas y una emoción indescriptible, nos alojamos en medio de este enclave mágico, en plena naturaleza, en las tiendas del Tarangire Simba Lodge.
La ruta sigue el tercer día hacia el Parque Nacional del Lago Manyara. El terreno se torna abrupto y selvático. Los acantilados del Gran Valle del Rift y la densa vegetación nos protegen con su sombra del justiciero sol ecuatorial. A pesar de que la probabilidad de verlos es algo menor, el parque es conocido por sus leones trepadores de árboles, así como por el gran número de flamencos que pueden avistarse en el lago, tiñéndolo de rosa. No pudimos ver leones trepadores, pero sí un elefante africano de más de 50 años. El gran lago y sus amplias orillas son igualmente memorables. Varía desde los 240 km2 en época de lluvia hasta casi desaparecer en la temporada seca, a mediados de octubre. En los pozos de agua los animales calman su sed, los hipopótamos se refrescan y las familias de los descarados babuinos deambulan en los bosques de aguas subterráneas, con ancestrales árboles de caoba, acacias y arbustos de selvática persa, que los Masáis utilizan para fabricar su vara de madera característica.
La noche la pasamos en una cabaña de Rhotia Valley, frente al espacio protegido de Ngorongoro. Experimento sensaciones inéditas, olores novedosos, sabores únicos, sonidos nunca antes registrados por mi cerebro. Es la jungla comunicándose. Me explota la cabeza en una noche ventosa repleta de estímulos.
Continúa el safari con tres horas y media de coche, para llegar al Lago Natron, donde pasaremos dos noches para afrontar el ascenso a la montaña sagrada de los Masáis: el volcán Ol Donyo Lengai.
El Lago Natron se sitúa en un área remota que recibe el nombre de Engare Sero, como el pequeño poblado que allí se encuentra. Este especial lugar es el hogar del pueblo Masái, quienes aún mantienen un estilo de vida primitivo, viviendo en las boma y pastoreando rebaños de cabras, ovejas, vacas y burros. Dormimos cerca, en un campamento árido y polvoriento llamado Halisi Natron Camp
Ascenso a "la montaña de dios"
Nuestros guías Masái Wilson y Lengoi nos dijeron que solo 50 personas al año alcanzan la cima de Ol Donyo Lengai. El desnivel medio es del 40%, con rampas máximas del 60%. Fue duro, 12 horas totales (subida+bajada), pero 5 personas de nuestro grupo lo hicimos. Cuando dolían las piernas me dije a mí mismo: si fuera fácil podría hacerlo todo el mundo. Un desafío que se vuelve más serio en el descenso. Me encanta enfrentarme a nuevos retos que supongan esfuerzo y superación. Me obligo a salir de la comodidad de lo conocido, estoy en la liga de aquellos que dan forma a la arcilla del alma con nuevos movimientos.
Lo realizamos finalmente de día, saliendo a las 7:00 del campamento, sin sufrir mucho las temperaturas, que suavizaban gracias a algunas nubes y una fina capa de niebla cerca de la cumbre. La idea original era comenzar a las 00:00 de la noche, para llegar a la cima justo al amanecer, cuando puede observarse mejor el rojo de la lava, pero en la noche fue imposible afrontarlo debido a la fuerte tormenta que caía en esos instantes y hacía impracticable el terreno.
La montaña sagrada de los Masái es un volcán activo de hasta 2960 metros de altitud, el único en el planeta Tierra de lava fría, en torno a 590ºC. La etapa de formación del cono de este volcán simétrico de 370.000 años de antigüedad finalizó hace unos 15.000 años. El 4 de septiembre de 2007 el volcán expulsó una nube de cenizas que se extendió 17 kilómetros en la dirección del viento. La lava que bajó por la laderas norte y oeste dejó quemaduras que eran visibles desde el espacio. Por estas trazas improvisadas de ceniza y roca volcánica se asciende y se desciende la montaña de dios. Los Masái dominan y protegen este formidable territorio, al que suben para sentirse más cerca de su dios, al que piden con cánticos y danzas la aparición de lluvia en época de sequía.
Pudimos ver in situ sus fumarolas, oler el azufre, escuchar sus explosiones, asomarnos al imponente cráter, contemplar las majestuosas vistas desde la cónica cima, donde podemos observar en un día claro el Gran Valle del Rift, el Serengeti y el lago Natron.
Rumbo a la "llanura sin fin"
El safari avanza hacia la entrada de Serengeti en la zona noreste. La ubicación de nuestro alojamiento será estratégica, en pleno corazón del parque: Ang´ata Serengeti Camp, donde celebro mi 31 cumpleaños con mis compañeros y compañeras. En todos los sentidos inolvidable. Estaremos aquí tres noches.
El Parque Nacional de Serengeti es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, ocupa casi 15.000 kilómetros cuadrados que se extienden en el horizonte, ofreciendo grandes oportunidades para el avistamiento de vida salvaje. El parque es rico en su diversidad: las doradas y vastas sabanas de hierbas altas se mezclan con pequeñas colinas, las llanas planicies de pasto en el sur, los Kopjes (enormes y antiguas rocas que han ofrecido hogar y cobijo a los animales desde tiempos inmemoriales) y los ricos y frondosos valles del norte, hábitat de gran cantidad de flora y fauna salvaje. El Serengeti es el hogar de más de un millón de ñus, cientos de miles de cebras, y otras tantas gacelas de Thompson, todos ellos contribuyendo a formar la gran migración, uno de los mayores espectáculos de la naturaleza a nivel mundial. Desde noviembre, diciembre hasta marzo la migración se produce en el sur del Serengeti, coincidiendo con la época de partos.
El Serengeti Central es conocido por su apariencia, con alta densidad de fauna: Guepardos, leopardos, leones de melena dorada, chacales, hienas manchadas... Los depredadores acechan grandes manadas de hervíboros: búfalos, antílopes, elefantes, jirafas de cuello largo... Todos participan en un ritual alimenticio imprescindible para la supervivencia de las especies de la zona, un hermoso desfile de impulsos naturales.
Presenciamos un momento extraordinario digno de documental que dispara la adrenalina: un banquete de hienas y leonas a costa de un búfalo que ha cambiado el nombre. Nos deja sin palabras, temblorosos, sin respiración. Más tarde llegan los gritos de euforia, las sonrisas inextingubles, y la moral por las nubes. Hemos tenido mucha suerte, no muchos consiguen presenciar esta escena. Todavía recuerdo el olor del momento, el ruido de las dentelladas contra el hueso, las risas maquiavélicas de las hienas llamando a la manada, los rugidos de las leonas... Solo por ese momento mereció la pena vivir.
Temprano en el nuevo día se conduce desde el Parque Nacional de Serengeti hasta el camping, en el Área de Conservación de Ngorongoro. Ang´ata Ngorongoro Camp. El camino atraviesa las verdes y mágicas tierras altas del Área de Conservación de Ngorongoro, diversas bomas maasai y vastas llanuras. El cráter es un tesoro, la mayor caldera intacta no inundada del planeta, y por tanto una maravilla del mundo que tiene su origen en la implosión de un antiguo volcán. En este cráter de 20 kilómetros de ancho se pueden encontrar “Los Cinco Grandes”: el rinoceronte negro, el elefante, el león, el leopardo y el búfalo. Otros animales que se encuentran en este Arca de Noé son cebras, ñus o hipopótamos. Más de 25.000 animales diferentes que viven todo el año.
En la mañana siguiente partimos desde el anillo del cráter de Ngorongoro hasta Empakai, zona conocida como las tierras altas de Ngorongoro, a 3280m sobre el nivel del mar. Es un cráter conformado por altas paredes cubiertas de abundante vegetación perenne que alcanzan hasta los 300m de altura y que envuelven el profundo lago salino, que alberga una gran cantidad de vida salvaje. Iniciamos con el ranger la caminata bajando por las paredes del cráter, donde después de 1 hora de descenso llegamos a las orillas del lago, encontrando una innumerable cantidad de flamencos.
Al finalizar la jornada nos dirigimos hacia el pueblo de Karatu donde pasaremos la noche. Karatu es el final del viaje, más concretamente el complejo de Endoro Lodge donde descansamos nuestros cuerpos y nuestras mentes, aún extasiados por tantos días de plenitud y desconexión.
Al día siguiente toca encaminarse al aeropuerto de Moshi, donde tras tres horas de coche, parando en un poblado Masái y acercándonos a su estilo de vida, o atravesando ciudades mastodónticas como Arusha, finalizamos la expedición.
Me costó decir adiós a país fascinante, trabajador, entusiasta, vital, en común unión con la naturaleza indómita. ¡Hakuna Matata!
El Safari lo realicé con Moshi Experience x www.feelingafrica.com. Tienen muy buena relación con la comunidad de Engare Sero y se preocupan por contribuir a su desarrollo, respetando la conservación de su cultura y la naturaleza que la rodea.




























